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Corales y gorgonias

Proyecto CAVALGA

Formentera, 15 Agosto 2026

Formentera desarrolla un proyecto de restauración marina destinado a recuperar corales y gorgonias que las redes de pesca capturan accidentalmente. La iniciativa aplica en las aguas de la isla un método probado anteriormente en Cataluña y busca devolver estos organismos al fondo marino en condiciones que favorezcan su supervivencia.

El proyecto CAVALGA cuenta con la participación del investigador Stefano Ambroso, del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), y toma como referencia la experiencia de LIFE ECOREST. Este programa permitió reintroducir desde 2022 más de 8.000 corales, gorgonias y esponjas frente a las costas de Barcelona y Girona.

Los resultados obtenidos en Cataluña mostraron una supervivencia estimada superior al 90% en algunos de los organismos recuperados. Los investigadores también comprobaron que estas estructuras volvieron a desempeñar una función importante para el ecosistema al convertirse en espacios de refugio y cría para otras especies.

Formentera adapta ahora este modelo a las características de sus fondos marinos, que presentan una diversidad de corales diferente a la encontrada en Cataluña. El proyecto combina la restauración de los organismos afectados por la pesca con la investigación científica y la colaboración directa del sector pesquero.

Experiencia en Cataluña

La experiencia que sirve de referencia para Formentera comenzó con LIFE ECOREST en el litoral catalán. El proyecto instaló acuarios en ocho cofradías de pescadores de Barcelona y Girona para recibir los corales, gorgonias y esponjas que quedaron atrapados accidentalmente en las redes.
Devolver directamente estos organismos al agua no garantizó su supervivencia. Muchos habían sido arrancados de su base y podían caer tumbados o quedar cubiertos por los sedimentos. Para evitarlo, los biólogos los fijaron nuevamente a piedras o cantos antes de que los pescadores los devolvieran al fondo.
Desde 2022, el procedimiento permitió reintroducir más de 8.000 ejemplares y algunos alcanzaron una supervivencia estimada superior al 90%.

El ‘método del bádminton’

La técnica empleada recibe el nombre de “método del bádminton”. Una vez que el coral o la gorgonia queda fijado a una piedra, se deja caer suavemente desde la embarcación. El peso del canto ayuda a que llegue al fondo en posición vertical, de forma parecida a la caída de un volante de bádminton.
Esta orientación reduce el riesgo de que el organismo quede enterrado por los sedimentos y le permite continuar recibiendo las corrientes necesarias para alimentarse. El método busca así aumentar sus posibilidades de supervivencia y recuperar las estructuras tridimensionales que estos organismos forman sobre el fondo.

 

Crear refugios y zonas de cría

La restauración no busca únicamente salvar los ejemplares capturados accidentalmente. Corales, gorgonias y esponjas forman estructuras que proporcionan refugio y espacios de reproducción a peces, crustáceos, cefalópodos y otras especies.
En Cataluña, los investigadores reintrodujeron los ejemplares en zonas que el propio sector pesquero había cerrado previamente a la pesca, algunas de hasta 50 kilómetros cuadrados. El seguimiento posterior permitió detectar puestas de huevos y ejemplares juveniles y confirmó que estas estructuras funcionaron como zonas de cría para algunas especies, especialmente cefalópodos.
También aparecieron especies de interés comercial alrededor de los organismos recuperados, un resultado que mostró cómo la restauración de estos hábitats pudo favorecer también a la actividad pesquera.

Colaboración de los pescadores

Los pescadores desempeñan un papel fundamental en este sistema. Son ellos quienes recuperan los organismos de las redes, los mantienen en agua y los trasladan hasta los acuarios para que puedan ser preparados antes de regresar al mar.
La experiencia catalana mostró que facilitar esta tarea resultó esencial para conseguir una mayor participación. La ubicación de los acuarios cerca de lugares fácilmente accesibles, por ejemplo, aumentó la implicación de las tripulaciones.

LIFE ECOREST también estudió los ejemplares recuperados por barcos de arrastre. Durante los meses más cálidos, algunos tuvieron dificultades para sobrevivir, posiblemente por el choque térmico entre las aguas profundas, situadas entre los 15 y los 17 grados, y las temperaturas superiores a 20 grados de la superficie. Con la llegada del otoño, los investigadores comprobaron una mayor supervivencia.

Soy Ramón Tur, quien está detrás de todo lo que se escribe y fotografía en esta web sobre Formentera.
Descubrí la isla en 1972 cuando mis padres, a bordo de la mítica Joven Dolores, me llevaron por primera vez a pasar unos días de vacaciones desde Ibiza y aquello fue un amor a primera vista que, con el paso del tiempo, se ha reforzado hasta convertir Formentera en mi lugar de residencia desde hace ya muchos años.
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