

Formentera, 24 Marzo 2026
La isla de s’Espalmador, situada al norte de Formentera, vuelve a situarse en el foco informativo ante el inicio de las obras de reforma de sus dos únicas viviendas. El proyecto afecta a las casas históricas conocidas como s’Alga y Majoral, dos edificaciones con décadas de antigüedad que forman parte del patrimonio arquitectónico del islote.
La intervención se desarrollará en un entorno especialmente sensible desde el punto de vista ambiental y patrimonial. El islote forma parte del Parque Natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera y está sujeto a múltiples figuras de protección, lo que obliga a que el proyecto cumpla estrictas condiciones técnicas, arqueológicas y paisajísticas.
La licencia urbanística para llevar a cabo la actuación se ha concedido tras varios años de tramitación administrativa y con numerosas condiciones impuestas por las autoridades insulares. El objetivo principal consiste en permitir la rehabilitación de las construcciones sin alterar la esencia del paisaje ni el valor natural del enclave.
Como promotor de esta actuación se encuentra la actual propiedad del islote, una sociedad vinculada a una familia empresarial belga que adquirió s’Espalmador en 2018 por una cifra millonaria. Sin embargo, la historia del lugar se remonta mucho más atrás, con varios propietarios que mantuvieron el islote prácticamente intacto durante décadas.
Proyecto de reforma
Las obras se centran en la rehabilitación integral de las dos viviendas existentes en s’Espalmador: s’Alga y Majoral. Ambas edificaciones están catalogadas dentro del planeamiento insular, lo que obliga a preservar sus características arquitectónicas esenciales.
La intervención cuenta con la autorización del Consell Insular de Formentera desde enero de 2025, después de analizar distintos informes técnicos y jurídicos. El expediente administrativo comenzó en julio de 2020, cuando la empresa propietaria solicitó la licencia para rehabilitar los inmuebles.
El proyecto está diseñado por el arquitecto de Formentera, Marià Castelló y se centra en restaurar construcciones levantadas antes de 1956. Estas edificaciones se consideran legales dentro del marco urbanístico actual y forman parte del catálogo de protección del territorio.
Uno de los aspectos clave de la autorización es que la reforma no altera los parámetros urbanísticos existentes. Las obras se limitan a rehabilitar y mejorar los edificios ya presentes en la isla sin aumentar volúmenes ni modificar la estructura del enclave.
Arqueológía y conservación
Debido al valor histórico del lugar, el proyecto incorpora diversas exigencias relacionadas con la protección del patrimonio arqueológico. Antes de iniciar los trabajos se realizará una excavación arqueológica destinada a documentar posibles restos históricos en el subsuelo.
Durante la ejecución de las obras también se establece un control arqueológico permanente. Cualquier hallazgo debe registrarse e incorporarse a la documentación del yacimiento.
Las autoridades también obligan a conservar diversos elementos originales de las viviendas. Entre ellos se incluyen los pilares tradicionales de la casa de s’Alga y estructuras rurales como corrales y cercados situados cerca de la misma vivienda.
Estas medidas buscan garantizar que la reforma respete la identidad histórica de las construcciones, muchas de ellas vinculadas a los antiguos usos agrícolas del islote.
Limitaciones ambientales
La ubicación de s’Espalmador dentro del Parque Natural de Ses Salines implica que el proyecto esté sometido a una amplia normativa ambiental. La intervención debe respetar tanto el paisaje como la fauna y la vegetación del entorno.
Entre las condiciones establecidas se incluyen restricciones sobre ruidos y actividades que puedan afectar a las especies presentes en el parque. También se prohíben actuaciones que alteren el perfil natural del terreno o modifiquen la vegetación existente.
La normativa exige además que las zonas no ocupadas por edificaciones se mantengan en su estado natural. En áreas forestales se debe cuidar y controlar la masa boscosa para reducir el riesgo de incendios, mientras que en las zonas agrícolas se deben mantener aptas para cultivos tradicionales
Incluso los materiales de construcción están regulados. Las fachadas deben respetar la estética tradicional de las Pitiusas, utilizando piedra vista o acabados encalados y evitando revestimientos modernos o colores llamativos que rompan la integración paisajística.
Actuales propietarios y la historia de Espalmador
La isla de s’Espalmador pertenece actualmente a la sociedad Salga Majoral S.L., controlada por la empresa luxemburguesa CFdE S.A. y vinculada a la familia empresarial belga Cigrang. Este grupo inversor adquirió el islote en 2018 por alrededor de 18 millones de euros, después de que las administraciones públicas decidieran no ejercer su derecho de tanteo y retracto para comprar la isla.
Antes de esa operación, s’Espalmador permaneció durante más de ochenta años en manos de la familia Cinnamond. El arquitecto catalán Norman Cinnamond compró el islote en 1932 a Carlos Tur Roig por unas 42.000 pesetas. Durante todo ese tiempo la isla se mantuvo prácticamente intacta y sin desarrollo turístico, lo que ayudó a preservar su carácter natural.
Con unas 137 hectáreas y cerca de tres kilómetros de longitud, s’Espalmador representa hoy uno de los espacios más singulares del archipiélago balear. Aunque es de propiedad privada, el islote cuenta con una de las protecciones ambientales más altas, ya que forma parte del Parque Natural de Ses Salines y de la Red Natura 2000, además de estar catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves.
Estas limitaciones impiden el desarrollo turístico y hacen que en la isla solo existan dos viviendas y algunos elementos patrimoniales como la Torre de Sa Guardiola. En este contexto, la reforma de las casas históricas se plantea como una intervención muy limitada, destinada a conservar las edificaciones existentes sin alterar el equilibrio natural del enclave.
Soy Ramón Tur, quien está detrás de todo lo que se escribe y fotografía en esta web sobre Formentera.
Descubrí la isla en 1972 cuando mis padres, a bordo de la mítica Joven Dolores, me llevaron por primera vez a pasar unos días de vacaciones desde Ibiza y aquello fue un amor a primera vista que, con el paso del tiempo, se ha reforzado hasta convertir Formentera en mi lugar de residencia desde hace ya muchos años.
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