

Formentera, 19 enero de 2026
Un año más, los chiringuitos de playa de Formentera han vuelto a ser protagonistas de una historia que parece no tener fin. La normativa que les obliga a desmontar cada invierno ha vuelto a chocar de frente con las condiciones impuestas por el Consell Insular, y entre unos y otros, los quioscos siguen en pie. Mientras tanto, los vecinos y visitantes asistimos con cierta incredulidad a un nuevo capítulo de este embrollo administrativo.
El pasado 15 de enero comenzó el plazo oficial para desmontar las instalaciones de playa, tal y como marca la concesión otorgada por la Dirección General de la Costa y el Mar, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica.
Esa autorización deja claro que los quioscos deben retirarse entre el 15 de enero y el 15 de febrero. Sin embargo, sobre el terreno la realidad es muy distinta: siete de los ocho quioscos seguían montados, aunque sin actividad visible.
El Consell de Formentera conocía esta obligación desde junio de 2023, pero en las bases del concurso para adjudicar las concesiones se incluyó un requisito difícil de cumplir: que los quioscos ofrecieran servicio durante todo el año. Esa condición, tan poco compatible con la normativa estatal, se convirtió en el argumento principal de los concesionarios para no desmontar, alegando que solo estaban cumpliendo con lo que les pedía la institución local.
Así las cosas, los chiringuitos de Formentera se han quedado atrapados en un limbo legal, y una vez más, la sensación general es de desconcierto. Ni los gestores saben qué deben hacer exactamente, ni los usuarios tenemos claro si podremos disfrutar de ellos el próximo verano.
La normativa que nadie parece cumplir
La Dirección General de la Costa y el Mar fue clara: las instalaciones debían desmontarse cada invierno para proteger el litoral. Pero por segundo año consecutivo, la mayoría de concesionarios optan por mantener sus estructuras levantadas, pese a las sanciones que ya recibieron en el pasado. El Consell Insular impuso multas de 1.500 euros y el Govern balear abrió expedientes sancionadores que aún están en trámite, con la posibilidad de declarar caducadas las concesiones por “incumplimiento de condiciones esenciales”.
Dos administraciones, dos versiones distintas
El origen del problema está en la contradicción entre administraciones. Mientras la normativa estatal exige desmontar, el Consell Insular exige mantener el servicio activo todo el año. El resultado: los concesionarios se ven empujados a incumplir una de las dos normas, según cuál elijan obedecer.
El Govern balear, por su parte, ya cuenta con un informe jurídico que propone eliminar las concesiones de los chiringuitos por la reiteración de faltas graves en las últimas temporadas. A esa lista de incumplimientos hasta 2025 se sumaría ahora la negativa al desmontaje en 2026.
Un futuro incierto para los chiringuitos
A día de hoy, siete de los ocho chiringuitos permanen montados, aunque sin actividad. Solo el quiosco Bartolo, en es Copinar, ha sido desmontado. Su decisión contrasta con la resistencia del resto, que prefieren mantener sus estructuras en pie a la espera de que las instituciones se aclaren entre ellas y llegado el caso actuar por la vía judicial.
El conflicto entre administraciones ha dejado a los concesionarios en una situación de incertidumbre total. Las sanciones, los informes y las normas cruzadas amenazan con poner fin a una tradición que forma parte del paisaje y de la vida cotidiana en Formentera.
Mientras tanto, los usuarios habituales, como es mi caso, seguimos sin entender muy bien qué está pasando y sobre todo como terminará todo. Las contradicciones entre las instituciones y la falta de claridad en las normas solo aumentan la sensación de caos.
Sinceramente, cada vez me cuesta más entender, y después explicar en este blog, la situación creada alrededor de los concesionarios de los chiringuitos y las instituciones de gobierno en Formentera y a nivel balear en Mallorca.
Soy Ramón Tur, quien está detrás de todo lo que se escribe y fotografía en esta web sobre Formentera.
Descubrí la isla en 1972 cuando mis padres, a bordo de la mítica Joven Dolores, me llevaron por primera vez a pasar unos días de vacaciones desde Ibiza y aquello fue un amor a primera vista que, con el paso del tiempo, se ha reforzado hasta convertir Formentera en mi lugar de residencia desde hace ya muchos años.
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