Yate Attila

Formentera, 1 de Julio de 2025
En las cristalinas aguas que rodean Formentera, el verano no solo trae turistas buscando sol y playas idílicas, sino también un intenso movimiento de embarcaciones de recreo, yates de lujo y lanchas rápidas sobre todo provenientes de Ibiza.
Este constante ir y venir convierte la zona en una de las más transitadas del Mediterráneo, lo que aumenta significativamente el riesgo de incidentes en el entorno marítimo. Las costas de Formentera, con sus bancos de arena y zonas de escasa profundidad, son especialmente susceptibles a encallamientos, averías y otros contratiempos que, en ocasiones, activan los protocolos de rescate marítimo de las escasas dotaciones con las que cuentan las Pitiusas.
En el día de hoy, dos incidentes han evidenciado lo delicado de esta situación: por un lado, el superyate de lujo Attila ha embarrancado cerca de es Pujols, y por otro, la humareda en la sala de máquinas de una lancha con bandera alemana en las inmediaciones de s’Espalmador han encendido las alarmas
Este tipo de episodios, cada vez más frecuentes, reafirman la importancia de la prudencia, el respeto por las normativas náuticas y la preparación técnica de las tripulaciones que navegan por estas aguas.
El martes pasado, alrededor de las 14:30 h, el imponente superyate Attila quedó encallado en una zona de escasa profundidad cerca de Es Pujols, mas concretamente sobre la seca conocida como “Sa Roqueta” delante de la playa de Ses Canyes en la costa este de Formentera. La embarcación, construida en Italia en 2019 y valorada en 70 millones de dólares, estaba navegando por la zona cuando, por causas aún no aclaradas, terminó atrapada.
El Attila con 64 metros de eslora, cinco cubiertas, un helipuerto, piscina, spa y alojamiento para 12 invitados y 18 tripulantes. Es la mayor embarcación construida por el astillero italiano Sanlorenzo, y ha sido reconocida por su diseño de interiores con premios internacionales. Propulsado por motores Caterpillar, puede alcanzar hasta 17 nudos y recorrer 6.000 millas náuticas sin repostar.
A pesar de la magnitud del incidente, no se ha informado de daños inmediatos al casco ni al medioambiente. Sin embargo, se trata de una operación delicada, ya que extraer una embarcación de semejante tamaño de aguas someras implica riesgos tanto estructurales como ecológicos.
Un día después del incidente en el que quedó encallado sobre una zona rocosa frente a la playa de Ses Canyes, el super yate Attila logró liberarse por sus propios medios. Esto ocurrió tras la solicitud de la Capitanía Marítima al armador para que presentara un plan de reflotamiento y se realizara una inspección del casco con el fin de verificar su estado de seguridad.
Posteriormente, el super yate se trasladó al puerto Marina Ibiza, en la isla vecina, atendiendo a un requerimiento del capitán marítimo. Allí será sometido a una inspección MOU, procedimiento de seguridad que Capitanía Marítima aplica a embarcaciones extranjeras.
El mismo día, una lancha motora con bandera alemana sufrió una avería mecánica mientras se encontraba fondeada en la zona de s’Espalmador. Desde la sala de máquinas comenzó a salir una densa columna de humo negro que despertó la alarma de las embarcaciones cercanas.
Varias semirrígidas se aproximaron rápidamente para socorrer a los tripulantes, mientras desde el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma se movilizaba la Salvamar Naos, lista para intervenir si era necesario. Afortunadamente, la propia tripulación logró resolver la avería antes de que la situación derivara en algo más grave.
Este tipo de episodios, cada vez más frecuentes, reafirman la importancia de la prudencia, el respeto por las normativas náuticas y la preparación técnica de las tripulaciones que navegan por estas aguas.
Los incidentes del Attila y de la motora en s’Espalmador son recordatorios de que incluso en escenarios idílicos, los riesgos están presentes. La vigilancia, la coordinación y el respeto por las normas marítimas son esenciales para evitar que lo que empieza como un día de navegación se convierta en un problema ambiental o de seguridad.
Y me gustaría añadir que, a título personal, me encantaría que las embarcaciones fondeadas cerca de la costa tuviesen terminantemente prohibido poner la música alta para no molestar a los que estamos tranquilamente tumbados en la playa.
Hay pocas cosas que me cabree mas que un grupo de maleducados en su lancha, con la música a todo volumen fondeados cerca de la costa y sin importarles lo mas mínimo fastidiar al resto de gente que queremos disfrutar del mar y la tranquilidad y no podemos, por culpa de la música (normalmente) techno que vomitan los altavoces de su embarcación.
Soy Ramón Tur, quien está detrás de todo lo que se escribe y fotografía en esta web sobre Formentera.
Descubrí la isla en 1972 cuando mis padres, a bordo de la mítica Joven Dolores, me llevaron por primera vez a pasar unos días de vacaciones desde Ibiza y aquello fue un amor a primera vista que, con el paso del tiempo, se ha reforzado hasta convertir Formentera en mi lugar de residencia desde hace ya muchos años.
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